Te piensas que la duda es un vestigio de la ignorancia. Algo que solo aparece cuando empiezas, porque aún no tienes las herramientas. Como si la inquietud que te hace retroceder un poco cada vez que te enfrentas a un proyecto fuese solo un síntoma provisional. Una molestia que desaparecerá cuando seas “buena”. O, al menos, cuando te sientas así.
Te lo crees de verdad, y es normal.
Con los años mejorarás, pero no de la manera que imaginas. No habrá un momento preciso en el que te sentirás segura. Lo que ocurrirá, en cambio, es que aquello que hoy te entusiasma, con el tiempo, te parecerá solo correcto. Tu criterio evolucionará al mismo ritmo que tú. Y tu idea de lo que es un proyecto excelente se redefinirá una y otra vez, alejándose un poco más cada vez que pienses que ya lo has alcanzado.
Te darás cuenta de que no es nada fácil encontrar ideas que realmente te parezcan significativas. Y te costará entender por qué, después de tantos años, no resulta más sencillo. Y, en lugar de conformarte con tener más experiencia, descubrirás que cuanto más sabes, más complejo es crear algo que, para ti, valga la pena.
Nadie te habrá avisado de que, cuanta más trayectoria tengas y cuantas más cosas hayas visto, más difícil será crear algo nuevo. Y aún más, sorprenderte a ti misma con una idea que no te recuerde vagamente a algo que ya conoces.
Hasta que un día, quizá una mañana cualquiera de noviembre dentro de unos cuantos años, de camino al estudio en un autobús, te darás cuenta de que todo está bien así. Porque, finalmente, habrás llegado a un punto donde entiendes y aprecias la contradicción de alguien que ama profundamente su trabajo, pero que, de vez en cuando, también lo mandaría todo a la porra.
Y será entonces cuando lo verás todo con otra mirada. Entenderás que, si no hubieras sido como eras —obstinada hasta el límite de lo razonable, incómoda, autoexigente hasta lo absurdo— no habrías llegado hasta aquí. Que, si no te hubieras exigido tanto, si no hubieras sido tan insatisfecha, tan curiosa, tan obsesionada con mejorar, quizá habrías vivido más tranquila, pero también mucho más lejos de lo que ahora puedes llegar a hacer.
Un abrazo desde el H6,
Ingrid