Ingrid Picanyol Studio.

Un sobre es un medio

30 julio 2025
3 min

Subjects
Sin categorizar


Un sobre es un medio

Hoy he pensado en Jep Jaumira, mi profesor de diseño gráfico en la Escuela de Arte de Vic. Quizás porque he ido a Torelló. Quizás porque he pasado media mañana en el archivo municipal del pueblo. O quizás porque he improvisado la presentación de la nueva campaña del Festival de Cine de Montaña de Torelló, y se me ha escapado ese tipo de alegría que te entra cuando te das cuenta de que te estás saltando las normas pero, sorprendentemente, nadie te echa.

Llego con unos minutos de retraso. Joan Salarich me espera con un agua con gas a medio beber y esa paciencia alegre de alguien que ya me conoce desde hace años. “¿Qué?”, me dice. Y yo, todavía con el corazón acelerado por las prisas y la emoción de pisar la plaza donde transcurrió toda mi infancia, me pido un cortado con hielo. “Nunca entenderé esta bebida”, suelta. Y yo, que sé que está nervioso por saber qué idea he tenido para el cartel de este año, le digo: “Venga, te explico la idea con este sobre de azúcar.”

Tres, dos, uno, acción: rompo una esquina del sobre, vierto el azúcar en el vaso y me quedo con una de las dos caras de papel que lo formaban. La extiendo sobre la mesa con la concentración de alguien que analiza un mapa topográfico, y él clava los ojos con esa seriedad cómplice que aparece cuando sabe que voy en serio. “¿Ves este rectángulo? Imagina que es un mapa y que el C****** —perdonad, aún no puedo desvelar el lugar— cae más o menos aquí”. Cojo el papel y empiezo a rasgarlo lentamente con los dedos, siguiendo el trozo de tierra que supuestamente ocupa todo ese territorio, y acabo con un pedazo de papel alargado, de bordes irregulares. “Dime, ¿a qué te recuerda ahora este pedazo de mundo de contornos imperfectos?”

Rompo una esquina del sobre, vierto el azúcar en el vaso y me quedo con una de las dos caras de papel que lo formaban. La extiendo sobre la mesa con la concentración de alguien que analiza un mapa topográfico, y él clava los ojos con esa seriedad cómplice que aparece cuando sabe que voy en serio.

Y ahí, pum, pienso qué diría Jep si me viera, y se lo digo a Joan. Porque Jep, además de ser mi profesor, fue el diseñador del festival durante muchos años. Hasta que un día dijo: “Basta, aquí hace falta un relevo.”

Recuerdo una clase en la que nos propuso diseñar la identidad visual de un archivo de la ciudad. Nos explicó las normas que debíamos tener en cuenta al crear una papelería corporativa, y yo —resulta— que me las salté un poco a la torera. Mi propuesta, en vez de ser meramente institucional, consistía en aprovechar cada aplicación de la papelería para dar a conocer fotografías del archivo. Me parecía bonito que un sobre, por ejemplo, no sirviera solo para contener una carta, sino para sacar una imagen de los archivadores y llevarla a la calle, a las casas de la gente.

Cuando terminé de presentar el proyecto delante de toda la clase, Jep dijo: “Lo que acabamos de ver es un ejemplo claro de alguien con pasión por lo que hace. Y eso es muy importante cuando presentamos un proyecto.” Pero ojo, también añadió que la propuesta no cumplía los objetivos del briefing y que era demasiado arriesgada. Me puso un aprobado justo. Y yo ni me entristecí ni me enfadé. Pensé: quizá tendría que habérselo explicado de otra manera.

Un abrazo desde el H6,
Ingrid